332. ¿Qué hace una coreana viviendo en Madrid?
Hoy, en el episodio 332, me acompaña una invitada que me hace especial ilusión: Claudia, una profesora de coreano en Madrid que habla un español increíble y que comparte al 100% nuestra filosofía de «vivir el idioma».
🇰🇷 ¿Claudia o Chon Jua? El dilema de los nombres
Claudia nos ha contado una historia fascinante sobre su nombre. En Corea, su nombre real es Chon Jua, que significa «purificación», pero como a los españoles nos cuesta horrores pronunciar los nombres coreanos, decidió adoptar uno español cuando estudiaba Filología Hispánica.
Eligió Claudia por la modelo Claudia Schiffer, porque aunque ella es bajita, admiraba mucho su elegancia. Es algo muy común entre estudiantes asiáticos para facilitar la comunicación, ya que, como bien decía Claudia, si un profesor intenta pasar lista con nombres originales y no los domina, ¡acaba señalando a la gente por el color de su camiseta! Ella ya se siente totalmente identificada con su nombre español, hasta el punto de que sus propios amigos coreanos la llaman así.
🏙️ De Valladolid a Madrid: Enamorarse de la libertad
Claudia llegó a España hace años y, aunque vivió en Valladolid, se terminó mudando a Madrid, donde lleva un año y medio. Le apasiona la capital porque siente que allí nadie la juzga y hay una libertad absoluta para ser quien quieras ser.
Destaca sobre todo la multiculturalidad de la ciudad; puedes cenar en un restaurante peruano un día y en uno coreano al siguiente. Lo que más le gusta es que en Madrid siempre hay un plan nuevo, algo que encaja perfectamente con su personalidad activa. Además, nos ha confesado que su familia está totalmente integrada: ¡su hija de 15 años dice que no podría vivir sin comer jamón!
🏠 La cara B de la migración: la familia y la puntualidad
No todo es color de rosa cuando te mudas de tu país. Claudia ha compartido una parte muy humana y generosa: la culpabilidad que siente a veces por tener a sus padres mayores en Corea.
Es una situación que muchos de nuestros estudiantes en el club también viven; ese equilibrio difícil entre cumplir tu sueño de vivir en España y estar lejos cuando tus padres se vuelven dependientes.
Además del tema emocional, Claudia también ha tenido que lidiar con los choques culturales, como nuestros horarios de comidas (que son una locura para el resto del mundo) y la famosa impuntualidad española. Ella tiene un truco infalible: sabe perfectamente con qué amigo puede llegar tarde y con cuál tiene que ser puntual.
🧗♀️ Aprender español moviendo el culo: «pies de gato» y «descuajeringado»
La filosofía de Claudia es idéntica a la nuestra: el idioma se aprende haciendo cosas. Ella se ha apuntado a clases de pintura, escalada, pole dance e incluso a un taller de cuentos.
Gracias a la escalada aprendió lo que son los pies de gato (esas zapatillas especiales y apretadas para escalar en el rocódromo). También nos ha enseñado una palabra divertidísima: descuajeringa(d)o. Se usa cuando algo se desordena totalmente o se rompe su estructura, como cuando abres un documento en otro ordenador y las fotos y el texto se mueven de su sitio. Es una palabra difícil de pronunciar, pero muy útil para describir el caos.
📚 El proyecto de Claudia: Korean Spark
Después de años trabajando en academias con métodos tradicionales que la aburrían soberanamente, Claudia decidió lanzar su propio proyecto: Korean Spark. Su objetivo es enseñar coreano a través de la conexión y la cultura, organizando clubes de conversación en bares coreanos en Madrid y clubes de lectura de literatura coreana en librerías con encanto. Nos recordaba que el lenguaje es solo una herramienta para compartir historias íntimas y crear vínculos reales, algo que ella misma vivió cuando una chica española compartió su experiencia de 11 años en China durante una de sus sesiones.
😅 Anécdotas para no olvidar: forrar vs foll*r
Para terminar, Claudia nos ha regalado una de esas «meteduras de pata» que se te quedan grabadas para siempre. Cuando su hija empezó el colegio, la profesora pidió que los padres forraran los libros (ponerles ese plástico transparente para protegerlos).
Claudia fue a la papelería y, en un lapsus lingüístico, le dijo al dependiente que quería algo para «foll*r los libros». El pobre señor se puso rojo como un tomate y ella se dio cuenta enseguida del error… Es la prueba definitiva de que los errores son la mejor forma de aprender: ¡os aseguro que Claudia nunca más confundirá esos dos verbos!
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